lunes, 17 de octubre de 2011

Capítulo 4.

Estaba indignada, para no variar. Pero ahora lo estaba muchísimo más. ¿Qué hacían mis padres ahí, hablando, como si nada hubiera pasado? ¿Y por qué no me lo habían dicho? ¿Qué me ocultaban? ¿Y por qué lo hacían? Cuántas preguntas sin respuesta... Pero estaba convencida; iba a averiguar todo cuanto se me plantara sin una razón.
Aún perpleja ante la puerta del bar, pensaba si quedarme espiando a mis padres o regresar a casa y poner en marcha mi "plan" de hacerme con todas las respuestas que necesitaba y olvidarme del mundo, entre otras cosas. Hacía demasiado frío en la calle, así que empecé a caminar en dirección a una casa cualquiera de Candem Town.
Las calles seguían vacías y la gente en los bares, exceptuando una persona. A lo lejos podía ver cómo alguien borroso -mi vista no me permitía ver mucho más- recogía unos papeles que se le deberían haber caído al suelo. Seguí caminando, curiosa por saber quién se atrevería a salir a la calle un día tan frío como hoy.
-¿Puedo ayudarte?
-Te lo agradecería; se me han caído todos al suelo y temo que alguno se vuele. Contienen información que necesito.
-No te preocupes, ya verás cómo no se vuela ninguno.- Le dije al muchacho mientras leía de reojo lo que ponía en uno de los folios.
-Por cierto, bonita gabardina, ¿es tuya?
-Sí... Bueno, realidad no. Se la cogí a mi padre, ya que no la usaba, por eso me queda tan larga.
-Pues te queda muy bien.- Me respondió mientras esbozaba una sonrisa perfecta.
-Eres el primero que me lo dice, gracias. Por cierto, ¿cómo te llamas?
-¿El primero? ¡¿El primero?! ¡Pero si eres guapísima! Y bastante maja, de hecho.- Contestó mientras se echaba a reír. -Me llamo Rupert.
-De verdad, nunca me han dicho esas cosas, siempre me han considerado... diferente. Y bonito nombre.


Intenté sonreír, sin éxito. Los ánimos se me habían ido de repente, por arte de magia.
-¿Diferente? ¿Por qué? Es cierto que sí, eres diferente, pero eres mucho mejor que muchas chicas que conozco, por no decir que todas. Además, debes de tener buen gusto.
-Gracias, de verdad. Oye, Rupert, este sábado es mi cumpleaños, cumplo dieciséis, y no tengo previsto hacer nada. ¿Estás libre?
-No me las des, que digo la verdad. Pues mira, creo que no tengo nada que hacer. ¿Te gusta el Rock? Porque podíamos ir a algún local de ensayo y no sé, cantar y pasar el rato. Pero tu decides, que es tu cumpleaños, que conste.
-¡Es una idea buenísima! Y luego podríamos y a cenar a algún lado, no sé, yo AMO el Rock, de verdad. Toco la guitarra y el piano, así que podríamos hacer algo juntos, también. Por cierto, que no te he dicho mi nombre, me llamo Rachel.
-Me parece muy bien, Rachel. ¿Dónde quieres que quedemos, y cuándo?
-¿Te importaría ir a recogerme a casa? Me acabo de mudar a Londres y no lo conozco mucho... Lo siento.
-No te preocupes. Dame tu dirección, anda.


Me ofreció una pluma y uno de esos papeles que tanto me llamaron la atención.
-Bueno, yo me voy, que tengo que hacer cosas. Encantado de conocerte, Rachel. ¡Y que no te engañe la gente, que hay mucho tonto suelto por ahí!- Me gritó mientras se iba.
-¡Adiós, mucho gusto, gracias!


Acababa de conocer al chico de mis sueños de repente, como si nada. El enfado me había abandonado nada más dirigirle la palabra y, la verdad, ya no tenía muchas ganas de revolver entre tanta duda y comerme la cabeza. Pero me había comprometido. Y tenía que hacerlo, por poco que quisiese. Así que me puse en marcha y regresé a mi casa para hacer lo que ya tenía previsto.

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